sábado, 28 de abril de 2018






Las flores y los pájaros los árboles las hojas
la claridad y la oscuridad
no tienen color
una gastada piel se les adhiere
y cambian de estación en estación
los filósofos se preocupan y ocupan
de esos objetos naturales
levantando edificios de palabras bienpensadas
La cultura está hecha de palabras
que interpelan a esos objetos de natura
y los transforman en curtura


Veinte dieciséis


No es solo opacidad
es sordidez
es híbrida ausencia de temblor


También Veinte dieciséis

miércoles, 18 de abril de 2018




Despertar en desorden
Yo que ya fui yo misma
Veo un desastre sobre la mesa
Mal ejemplo barroco






El sepulturero no vendrá a esta casa
Me esperará en tierra firme


El 23/08/16

jueves, 9 de marzo de 2017







Si viene la noche y tiene tus ojos
¿son los ojos de la oscuridad
de la soledad y de la muerte?
(Porque nadie  dice lo que está en lo más profundo
y siendo absoluto te devora)
     ¿Qué ocultan tus ojos, ¿el abismo,
     el infierno?

Tus ojos gastados frente al espejo miran como el ciego
un silencio un apagado deslizarse
una palabra sin voz

Ni siquiera una ausencia


                                     

 Verrá la morte e avrá i tuoi occhi
                                                Césare Pavese





                 Un mes de 2015




En que "somos flecha lanzada". Ese absoluto bien arriesgado por una poeta nos determina. Pero qué hay en el lugar donde la flecha cae. ¿Nacimiento? ¿O muerte? Lo seguro es que no hubo un camino sino maraña. Luz pero filtrada. Indefectiblemente la flecha declina y cae. He ahí la zozobra y no la calma. El temblor. La disidencia. Una ferocidad en el lugar, en el aire a respirar. Una crueldad sobreviviente. Encuentra el alguien el destino que le creó a él la flecha. Y aprende. Y puede por primera vez abrir los ojos. ¿Para qué están preparados esos ojos? La luz los daña, la noche los retrae y la penumbra no existe. La fealdad o la belleza del drama es inminente.

Allá por 2015

viernes, 10 de febrero de 2017

José María Marcos: Lecturas: Arquetipos

José María Marcos: Lecturas: Arquetipos



Detallado comentario de Arquetipos de Fabiola Soria por José María Marcos. Estimula a su lectura y a inmiscuirse en una realidad que parece fantástica y se fusiona con la ciencia ficción.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Visto en el plano de una hoja escrita a máquina:

han agujerado nuestra lengua
han desplazado nuestros verbos
y acomodado acciones extrañas/ en su lugar
Han recortado páginas
puesto nombre a la inexistencia
injertado la lengua/ la lengua no es indefensa
es aculturación, recibe palabras
de otras lenguas
y les pone su impronta/ pierde relega prioriza
y también
se infecta con palabras brutales
misil arma nuclear

otoño/16
Y te comerán los ojos
los ojos de pez
a un lado y al otro
Serás ciego
como estabas

primavera/16
No sé lo que ocurrió todos estos años
y los anteriores y los anteriores
sin embargo sin saber una anda
mirando el piso del mundo y
encuentra sangre

sábado, 5 de noviembre de 2016

Encontré este documento fechado en mayo de 2016 y fecho por fermosa moza de Villa a Angostura, Patagonia, República Argentina

Cada día se me hacen más actuales los poemas de María Inés. Poemas que riman con esta realidad, en sintonía con la sociedad hoy.
Los poemas de El Yo ... son de una lírica cuidadísima, cada palabra se siente  medida y pesada, cada palabra se sabe cargada de sus muchas significaciones.
Se escribe contra algo, decía Graciela Cros que decía no sé quién, acá siento que El Yo está escrito contra el silencio, contra la inercia, contra la indiferencia no solo de la sociedad en general o de gente en particular, también contra la indiferencia del sol, "del bosque que hay en frente de mi casa" de todo lo que queda callado frente al yo que mira y describe.
Y en la parte en que (supongo yo) se escribe a favor, El Yo en los estantes está escrito a favor de la ternura, de la belleza, de la mirada de un niño o niña ante la vida. (Barro suave; En la palma de la mano; Sentada en el borde de un tronco que yacía; El arbusto, el poste).
Leer El Yo en los estantes parte un poco el alma. Me deja todo el tiempo pensando en el dolor colectivo, en lo que se sufre hoy y su eco en lo sufrido en la historia (El amo no ama; Amo al amo).
Leer El Yo en los estantes me reconcilia también con la vida, la vida así como es, no la ideal. Con lo más íntimo, con esa imagen del que ES en la mirada de la parturienta.
No se sale indemne de la lectura de este libro.

Cecilia Fresco, poeta, en el marco del encuentro L.E.E

miércoles, 5 de octubre de 2016

En el medio de las ruinas justificar la vida
mezclar escombros encender una vela, dicen
Hasta ahí, luego alucinaciones visuales
malestares en el ambiente/naturaleza
muerta
un trono para el mercado

una ciudad que se arrastra de sed
hacia las aguas vivas



*
Despertar en desorden
Yo que ya fui yo misma
veo un desastre sobre la mesa
mal ejemplo barroco


*
"Son palabras las que matan"
no como espadas ni como puñales
no existe honor
no hay duelo/aunque las palabras maten

cómo llegan al corazón del dolor los estiletes
sin penetrar la carne
no hay sangre en el guante
cómo se recibe el dolor como una
carta en la mano
cómo es soportable la solapada
mirada
sin devolver un estruendo
venganza en mano
cómo no correr al bosque
y recorrerlo todo hasta clavar
las uñas
en la garganta esa
sin palabras
que maten

Agosto/16

martes, 13 de septiembre de 2016

Presentación de El Yo en los estantes, Editorial Kuruf, en Casa de la Cultura, Fisque Menuco. 15 de abril  de 2016
En el marco de las Conversaciones de Otoño, presentado por Fabiola Soria y Diego Rodríguez Reis

viernes, 9 de septiembre de 2016

El Yo en los Estantes


María Inés Arce
Kuruf Ediciones, 2015

Prólogo: "El Yo en los Estantes": Tratado de las Pasiones y Afines

Hablar de "El Yo en los estantes" supone establecer, de antemano, un doble campo de lectura y de interpretación (si es que existe una diferencia entre estos dos actos íntimos). Ya desde el título nos interpela desde esta doble función, dialéctica, entre el componente abstracto del "Yo" y el concreto, palpable, de "los estantes".
Desde el vamos, sin rodeos, María Inés Arce nos propone un Yo narrador/Yo lírico acorde con ese lustroso título: "Buscábamos la otredad", arranca el primer verso del primer poema. Nos anuncia, así, una plataforma posible desde dónde leer el libro. Ese "Yo" fuerte, personalísimo, propone, constantemente, una mirada particular e inquietante sobre las cosas y sobre sí mismo. Todo es materia de su interés, nos plantea dilemas allí donde acaso no los sospechábamos. Dilemas a veces del orden aparentemente retórico ("el amo no ama/ él no viene amando desde/ siglos"); a veces del orden moral ("se altera el equilibrio entre deseos y represiones/ ¿cómo buscar una estética?").
Este Yo (único, universal) es el verdadero protagonista del libro, es el Virgilio que nos pasea (a nosotros, Dantes repentinos) por las diversas partes de su propio mundo, que pasa a ser instantáneamente, instintivamente, el nuestro. Este Yo es complejo, contradictorio, y eso lo hace visible, querible. De arquitectura casi hegeliana, construye hermosas tesis convincentes; para luego proponer su perfecta antítesis; y finalmente arriesgar una síntesis que las concilie ante nuestros ojos.
Donde brilla ese devenir es en su tema dilecto, que es (a qué dudarlo) la palabra. Más aún: la escritura. Su fe es poderosa: "El sueño nos anunció el poema", nos dice; "Si no tuviera nombre/ creería que no existo", confiesa. A veces, esa fe parece decaer: "Con esta forma/ o con otra/ escribir es escribir para el silencio" (...) "Basta escribir/ para no escribir nada". Otras, ensaya realidades intermedias: "Se escribe tormenta arriba" o "Todavía hay esperanza de una nueva lengua".
"El que nomina, domina", escribió vistosamente Pierre Bordieu. Y allí encontramos otra clave de lectura de "El Yo en los estantes": el conflicto. Ese Yo, belicoso, pendenciero, lucha. ¿Contra qué? Contra sus dudas, contra su propio elemento, contra sí mismo: "Si no existiera esa palabra/ que denota mi existencia en un archivo/ creería que mi angustia/ no me pertenece". Quiere decir, decirse para definirse, superarse. Y el consecuente interrogante: la ubicación de ese "Yo" en "los estantes", ¿es una circunstancia feliz o infeliz? ¿triste o victoriosa? ¿prosaica o absurda, levemente inquietante?
Leer un libro comporta el diálogo interno con todas nuestras lecturas previas. A veces, en los casos más felices, sentimos que esas lecturas confluyen, en un solo verso epifánico, con las del autor. Entonces es cuando nos ocurre eso que Borges denominó "el hecho estético".
Personalmente, "El Yo en los estantes" me remitió instantáneamente al luminoso texto "Desembalo mi biblioteca. Un discurso sobre el coleccionismo", de Walter Benjamin, sobre todo a las oraciones iniciales: "Desembalo mi biblioteca. Si. No están aún en los estantes, no han sido tocados aún por el moderado tedio del orden". Esa leve intertextualidad fue el índice (uno de los índices) de mi lectura/interpretación. Por ello, al llegar al segundo poema de la Parte IV del libro, al leer: "Voy a arreglar mi armario a acomodar/ a establecer un orden y casi una disciplina" es cuando me ocurre el hecho estético, lo que podríamos llamar la felicidad literaria, cuando siento o sospecho que esos dos mundos ajenos e invisibles (el de autor y lector) pueden tocarse, se tocan. Y estos versos lo refrendan, emocionantes: "Temperatura en descenso y siento/ el placer y el dolor de la exactitud".
Quien se aventure a las páginas de "El Yo en los estantes" navegará por todo eso que define a ese Yo, a un Yo, a todos los Yo, pero que puede sintetizarse en un solo y vibrante elemento: las pasiones. "Toda pasión limita con lo caótico", dice Benjamin en el texto citado. María Inés Arce nos lleva, sonoramente, a través de ese mundo dialéctico, ese ordenado caos: "Melancólica nostalgia triste/ quién puede discutirme esta/ selección léxica", nos apura.
Nosotros, lectores agradecidos, preferimos no discutir. Preferimos dejarnos llevar hasta ese verso que nos ilumine y nos duela de felicidad.

Diego Reis, Villa La Angostura, Invierno 2015

Parte I

Buscábamos la otredad...

Buscábamos la otredad
y éramos tan silenciosos
que no decíamos las
palabras
en esta sociedad de
mudos
si hallábamos su mirada
nos encontrábamos
a nosotros mismos
Fue cuando las alas del yo se
detuvieron aquí
porque
“tú” y “él” desaparecieron
cuando anidó
para siempre
la unidad y
el sueño nos anunció
el poema
y la vigilia huyó

con la razón

No llega la mirada hasta donde se oculta la escritura...

No llega la mirada hasta donde se oculta la escritura
en su lugar va hacia los disfraces
las máscaras los desafíos no probados ni en los
/sueños

Se altera el equilibrio entre deseos y represiones
¿Cómo buscar una estética?
Se enaltece la represión y las defensas
asumen el gobierno en la línea horizontal

Todavía hay esperanza de una nueva lengua

El Yo...

El Yo
en los estantes
el Yo
vivo en vitrinas

sujeto de aconteceres
está
ahí alojado en el silencio y
quiere mostrar sus sombras

el Otro

lo vuelve a la vida

Melancólica nostalgia triste...

Melancólica nostalgia triste
quién puede discutirme esta
selección léxica
una genealogía de palabras
nos abruma a nosotros
carenciados de remoto y lejanía
abundados de apretado
eligiendo descartando
sintaxis léxico axiológico
mientras buscamos en las bolsas
de residuos literarios y sociales asociados
Lit. and Soc. o
Lit. y Soc. As.
quién puede discutirme esta elección

las piedras cuando se amontonan

paralizan a los ríos

La tormenta hunde el miedo...

La tormenta hunde el miedo
en zona de desgarro que late
se escribe desde la ciénaga donde
nacen cuatro brotes podridos
dedos pálidos morados mientras,
el tiempo de aguantar

No se puede imaginar si hay
alguien lamiéndose la sangre de los labios
en el borde
ahí, donde se juntan lo excluido y la verdad
esta conjetura que jamás será
una hipótesis
se escribe tormenta arriba
abajo de la tierra móvil con el peso
de una angustia que no se consume
todavía queda tiempo

pero no se puede imaginar

El siglo nuevo vestido de fantasma...

El siglo nuevo vestido de fantasma
se despliega a mi lado
y sin huir tengo miedo
que mi papel
se perfore y
se deshaga en sangre

como un vampiro
pone su impronta en los papeles
ellos copian su estilo
pero la poesía no
la poesía no

¡qué tragedia si
la dejara exánime

el fantasma de su época!